
La alimentación en la enfermedad renal tiene fama de complicada. Lo es menos cuando se entiende qué se cuida y por qué.
Sodio
El riñón enfermo retiene sodio y, con él, líquidos. Reducir la sal ayuda a controlar la presión y la hinchazón. La mayor parte no viene del salero: viene de embutidos, quesos maduros, sopas instantáneas, salsas embotelladas y botanas.
Potasio
Cuando el potasio se eleva en sangre puede afectar el ritmo del corazón. Si tus estudios lo muestran alto, se moderan alimentos como plátano, naranja, jitomate, papa y aguacate, y se usan técnicas de cocina —remojo y doble cocción— para reducirlo en verduras y tubérculos. Si tu potasio está normal, quizá no necesites restringirlo.
Fósforo
El exceso de fósforo daña huesos y vasos sanguíneos. El más problemático es el que se añade como aditivo: refrescos de cola, embutidos, quesos procesados y alimentos empacados. Leer etiquetas es clave.
Proteína
Aquí está la diferencia que más confunde: antes de la diálisis suele limitarse para no sobrecargar al riñón; durante la hemodiálisis se aumenta, porque en cada sesión se pierde proteína. La misma dieta no sirve para las dos etapas.
Líquidos
En diálisis, el líquido permitido depende de cuánta orina conservas. Cuenta todo: agua, caldos, gelatina, hielo y fruta jugosa.
Por qué debe ser individual
Dos personas con el mismo diagnóstico pueden necesitar planes opuestos. El tuyo se calcula con tus estudios de cada mes.
Este artículo es orientación general y no sustituye una consulta. Si tienes una enfermedad o tomas medicamentos, pide a tu nutriólogo y a tu médico las indicaciones para tu caso.
