
Después del diagnóstico, la primera pregunta casi siempre es la misma: «¿y ahora qué voy a comer?». La respuesta tranquiliza: casi lo mismo que tu familia, con orden y con medida.
El método del plato
Usa un plato mediano y divídelo así: la mitad con verduras sin almidón (nopales, calabacitas, ejotes, ensalada, brócoli), una cuarta parte con proteína (pollo, pescado, huevo, queso fresco, frijoles) y la otra cuarta parte con carbohidratos (tortilla, arroz, pasta, papa, elote). Agua simple para acompañar.
Carbohidratos: cuáles y cuánto
Los carbohidratos son los que más elevan la glucosa, pero no se eliminan: se eligen y se miden. Prefiere los que traen fibra —tortilla de maíz, frijoles, lentejas, avena, fruta entera— sobre los refinados: pan dulce, jugos, refrescos, galletas.
- Tortilla: de maíz, en la cantidad que marque tu plan.
- Fruta: entera y en porción, no en jugo. Combínala con proteína o grasa saludable, como yogur natural o nueces.
- Leguminosas: frijoles y lentejas son de los mejores aliados por su fibra.
Horarios y colaciones
Comer a horas regulares ayuda a evitar subidas y bajadas. Si usas insulina o ciertos medicamentos, tus colaciones y horarios deben coordinarse con tu tratamiento: no los cambies por tu cuenta.
Lo que conviene dejar para ocasiones
Bebidas azucaradas, pan dulce, postres y alcohol. No están prohibidos para siempre, pero no caben en el día a día.
Un plan a tu medida
La cantidad exacta de carbohidratos depende de tu peso, tu actividad, tus estudios y tus medicamentos. Eso es lo que se calcula en consulta.
Este artículo es orientación general y no sustituye una consulta. Si tienes una enfermedad o tomas medicamentos, pide a tu nutriólogo y a tu médico las indicaciones para tu caso.
